La lucha por la soberanía nacional es, a su vez, una búsqueda de la autodeterminación de los pueblos. Hoy, luego de más de un siglo de la llegada del imperialismo norteamericano a nuestro territorio, seguimos sometidos ante los intereses estadounidenses. La ilegítima presidencia de Abelardo de La Espriella, ciudadano de EE.UU., marca un nuevo ciclo en el que Colombia será utilizada como zona de extracción de materias primas para mantener las aventuras genocidas de Trump e Israel, tal como lo determina la redistribución económica global impuesta por la geopolítica del capital.
En nuestra región ya hemos sufrido las políticas gringas que llegan exterminando a cualquiera que esté a su paso, como sucedió en el Oriente Antioqueño con el asesinato de miles de jóvenes en los mal llamados «falsos positivos». En la actualidad, la crisis de la región central del país en torno a: prostitución de menores, abusos, drogas, aumento del costo de vida, entre otras, son también consecuencia de la mirada neocolonial que tiene Estados Unidos sobre nuestro territorio, ya que utilizan a ciudades como Medellín, Pereira e Ibagué como zona de entretenimiento por temporadas en las que pueden explorar sus más bajos deseos y perversiones sin miedo a las consecuencias legales ya que, en el peor de los casos, solo son inadmitidos o expulsados del país mientras nuestros jóvenes se encuentran en crisis, ya sea por el aumento en el consumo de drogas sintéticas o por los altos índices de homicidios producto de la guerra del microtráfico donde los operadores de los carteles extranjeros otorgan «licencias» para la venta de tusi y los locales ponen los muertos producto de la disputa por territorios de comercialización. Según cifras oficiales, en ciudades como Pereira, en 2025 el número de asesinatos llegó a mas de 200 superando por mucho los 147 casos ocurridos en 2024.
Tampoco es un secreto que los principales terrenos de explotación de monocultivos son dedicados a la producción de las mejores cosechas de café o aguacate hass que luego se venden al mercado extranjero, mientras que las peores calidades son las que se quedan en el país, lo mismo sucede con muchos productos que se exportan para que los disfruten quienes pueden pagarlos mientras el mercado local se llena de productos importados de menor calidad.
La venta de nuestros recursos naturales es un crimen contra toda la nación, no es justo que las mejores minas de oro, esmeraldas y demás sean explotadas por extranjeros que les pagan una miseria a los mineros, se quedan con grandes fortunas a costa de su trabajo y son protegidos por ejércitos privados de corte paramilitar que actúan bajo la protección de una clase política al servicio de los intereses del capital que se hacen los de la vista gorda y se enriquecen con dineros provenientes de estas economías ilegales. En varias zonas de nuestra región, tierras que antes fueron de campesinos y producían comida hoy están dedicadas al turismo, a la ganadería extensiva o sembradas en eucalipto y pino bajo la tutela de multinacionales que, con artimañas legales, alquilan las tierras por largos periodos sin importarles la escasez de agua que se avecina o el daño a los suelos pues solo piensan en su beneficio.
El monopolio de las semillas por parte de las empresas extranjeras es también una injusticia contra el campesinado en Colombia que, históricamente, ha sabido cómo reproducir los alimentos, pero hoy se ven obligados a comprar las semillas ante la amenaza de la destrucción de sus cosechas y otras acciones. Incluso, las mismas fuentes hídricas, que representan una gran riqueza en zonas como el oriente antioqueño, Risaralda, Quindío y Caldas, se encuentran amenazadas por el capital extranjero que busca la repotenciación de pequeñas centrales hidroeléctricas (PCHs), necesarias para la explotación de sus proyectos económicos, sin importar las consecuencias futuras para las comunidades.
Mientras miles de migrantes mantienen la economía estadounidense y envían remesas que sostienen cientos de familias en nuestra región, el ICE criminaliza a los latinoamericanos, los encarcela y les viola todos sus derechos. Resulta sorprendente que quienes han visto el maltrato al que han sido sometidos los connacionales puedan siquiera pensar en apoyar alguna política del gobierno Trump, pero que más se puede esperar de un gobernante que ha jurado lealtad a un gobierno extranjero y aún así habla de proteger la «soberanía», convirtiendo esta frase en una excusa para arremeter contra las comunidades y los procesos de resistencia que incomodan al gobierno gringo en zonas de frontera.
Por todo lo anterior, hoy es una necesidad denunciar todas las formas de intervencionismo que se han venido dando por parte del gobierno estadounidense en las dinámicas de nuestra nación y de nuestra región, oponernos a la idea de continuar siendo el patio trasero de los gringos y disputar la batalla ideológica con la que nos llevan a normalizar la intromisión extranjera como un falso requisito para alcanzar un estado de bienestar social. No necesitamos la tutoria patriarcal norteamericana y por ello defender nuestra soberanía implica defender nuestros recursos y no dejarnos engañar por aquellos que, fingiendo defender la patria, construyen vergonzosas Casas Blancas a orillas del Caribe. Es el momento en el que ante el declive del imperio nuevamente obreros, campesinos, mujeres, diversidades sexuales, poblaciones étnicas y la clase popular en general, de manera coordinada, retomemos nuestro papel histórico protagónico en la construcción de nación y con ingenio y fuerza recorramos el camino de la liberación nacional y continental.
Frente de Guerra Central
Ejército de Liberación Nacional


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