Desde inicios de la campaña de Abelardo de la Espriella, hoy Presidente de Colombia, se ha popularizado la consigna de la «batalla cultural» que en nuestro territorio más que direccionar las acciones, se milita. Mientras en campaña gobernantes como Andrés Julián Rendón y Federico Gutierrez mantuvieron en alto la bandera de «Si Antioquia resiste, Colombia se salva» o pronunciaban frases como «no toleramos la violencia y el vandalismo disfrazado de buenas intenciones», otros, en medio del terremoto que afectó la región y los incendios que se presentan en el Tolima, pedían el «fortalecer la presencia de la fuerza pública» antes que solicitar ayudas y acompañamiento a las víctimas como Juan Diego Patiño en Risaralda u otras como Adriana Matiz en el Tolima mostraron más interés en advertir a los pobladores que «no se van a aprovechar de esta crítica situación» ante posibles brotes de descontento que por gestionar la llegada de bomberos que coordinen a los cientos de voluntarios que en medio de la tragedia han tratando de combatir las llamas ante la ausencia estatal, demostrando que cada declaración, acto, decisión o montaje mediático hace parte de una ofensiva ideológica que, si bien no han estudiado y posiblemente ni entienden, si cuenta con un libreto direccionado que busca aplausos mediante la exaltación de los valores tradicionales: familia, autoridad, seguridad, orden, patria y libertad, mientras el mundo real solo espera soluciones.
En términos generales dicha batalla cultural no busca enriquecer el debate político, sino degradarlo, para así desaparecer las necesidades no a causa de la efectiva gestión pública, sino de esconderlo tras sofismas de distracción como el «Fondo Milagro» o las «viviendas milagro», que hasta el momento no han pasado del discurso, ni cuentan con una planeación clara o un mínimo piso jurídico que las sustente, pero que si cuentan con un «ejército» de falsos periodistas cuyo papel es el de señalar y criminalizar a los jóvenes voluntarios que asumieron el rol que no asumió el Estado con prontitud, llevando la atención del público a donde no debe, incidiendo y manipulando la opinión para esconder la incompetencia e incapacidad de los mandatarios, como si se tratara de una matriosca en la que cada nivel esconde una figura similar pero de menor tamaño. Es como si la importancia del relato del momento estuviera en mantener el orden a través de la violencia y no en gestionar la crisis. Tal es el caso de Hernán Duque y su medio Risaralda Opina, fiel seguidor del Tigre y quien se ha dedicado de señalar como criminales a liderazgos juveniles y quien, según Cuestión Pública, cuenta con 28 contratos con varias alcaldías y la gobernación de Risaralda, demostrando su absoluta dependencia de la contratación pública y sus nexos con el poder local.
Pero este no es un comportamiento autóctono, ni nuevo, esta línea viene de mucho más arriba. Estos gobernantes, fieles a su naturaleza arrodillada, dependiente y colonial, siguen la línea descrita por el imperio a través de Donald Trump, personaje pintoresco y experto en desviar la atención del público a través de peleas y debates sin importancia que, aunque parecen efímeros y hasta jocosos, buscan esconder tras las tradiciones y el ideario criminal capitalista, una serie de estratagemas de tinte fascista y patriarcal que tratan de frenar la caída de USA sin importar que o a quien deben arrasar en el proceso.
Dicho de otro modo, personajes pintoresco como Federico Gutierrez o Mauricio Salazar, no son solo personajes que tras estrategias falaces de influenciador digital tratan de desviar la atención del público, sino fichas obedientes del imperio y el capital que, si bien no llegan a los límites pintorescos de Abelardo de la Espriella, si cuentan con una línea mediática clara que busca presentarlos como ajenos a la politiquería tradicional y adalides de la retoma moral de las tradiciones capitalistas bajo el sofisma de una extrema coherencia que no es más que una mentira mediática de las tantas que contiene este método de dominación, pues no hay coherencia en que aquel que dice no tolerar la violencia disfrazada de buenas intenciones y a su vez apoya a los amigos del bate que persiguen y buscan enfrentar con explicita violencia a sus contradictores o en aquel que hace velatones por las víctimas del terremoto mientras no permite que rescatistas voluntarios saquen a tiempo personas con vida de los escombros a pesar de contar con las pruebas necesarias que lo comprueben y por el contrario, permita la llegada de tropas sionistas que pretendían ser presentados como los nuevos jefes de los voluntarios, tal como quiso hacerlo la diputada del Centro Democrático en Risaralda, Luz Neila Polo Ramírez, colombo-venezola históricamente famosa por saltar de partido en partido tras intereses particulares y quien desfiló por varios sitios de la ciudad con los sionistas dando órdenes y pasando por encima del pueblo organizado con beneplácito del gobernante local.
Así las cosas, el llamado es a la organización del descontento social, a la defensa de la soberanía nacional y a la cualificación y protección de todos aquellos y aquellas que luchan de manera colectiva desde sus territorios por supervivencia y dignidad. No es tiempo de ser acríticos sino de construir una paz desde abajo, con participación del movimiento social y que desmonte este sistema capitalista que empobrece y trae miseria a las inmensas mayorias.
Frente de Guerra Central
Ejército de Liberación Nacional


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