La llegada de Abelardo de la Espriella al gobierno colombiano, luego de un estrecho triunfo nacional, representa la segura fascistización de la vida. Lo anterior se incrementa en esta región, donde su imagen tiene mayor aceptación y en la que obtuvo, en promedio, el 60% de favorabilidad entre los votantes.
La idea de la fascistización de la vida se ha visto reforzada en los recientes anuncios de los planes, decretos y proyectos que llegan con su posesión. La tesis es clara: la excusa institucional de ver a la región como fortin de las rentas ilicitas, las bandas ilegales y los ejercitos privados será usada por el proximo mandatario no para declarar una “guerra frontal” contra el crimen, sino para establecer un régimen autoritario y represivo que golpee aún más a un movimiento social que recuerda con cautela la época oscura del uribismo en el poder y que ve en este gobierno la revitalización y el fortalecimiento, incluso más violento y brutal, de ese modelo de nación.
Aunque el porcentaje de cifras varía según la fuente, es claro que el mayor número de ejecuciones extrajudiciales del país por parte de fuerzas estatales o paramilitares se concentra en esta zona, siendo Antioquia el primer departamento en el escalafón nacional de estos delitos. Este hecho se une a los recientes anuncios de la creación de “Bloques de Defensa para la seguridad Ciudadana” controlados por reservistas, la propuesta de vigilancia con drones en Risaralda, la declaración del Tolima como corredor estratégico de las “rentas criminales”, el fortalecimiento de la cooperación con Israel (con quien departamentos como Antioquia ya tienen programas de seguridad e inteligencia) o definir a Medellín como la “capital del Escudo”. Todas estas acciones recuerdan el inicio de programas que, a lo largo de la historia, han instalado periodos violentos contra el pueblo como el caso de las Convivir que abrieron la puerta al fortalecimiento de las fuerzas paramilitares, quienes, bajo la excusa de la pacificación y el combate al crimen, se tomaron a sangre y fuego los territorios pasando incluso por encima de las comunidades sin importar ni siquiera los derechos básicos concedidos por el Estado burgués.
Así pues, las viejas prácticas de la derecha sangrienta se ponen la fresca máscara de un “Nunca” que viene de la periferia del país trayendo las nuevas viejas practicas de represión y guerra bajo nombres más atractivos y acordes a las normas del mercadeo social.
Todo esto no sería posible sin la tutoría del capital global que hoy, bajo la figura de Donald Trump, busca resguardarse en su retaguardia estratégica para hacer frente a la amenaza de la nueva reconfiguración global producto de la reducción de los margenes de utilidad y la creciente necesidad de explotar aún más a los territorios sometidos para garantizar su hegemonía mundial.
Sin embargo, en este diseño del capital hay algo valioso que no alcanzan a dimensionar en su tamaño real, y es la fuerza de un pueblo que no se doblega ante las amenazas y muta sus formas organizativas para sobrevivir y resistir en sus territorios la amenaza violenta de un régimen asesino y criminal: mujeres, hombres, jóvenes, estudiantes, diversidades sexuales, personas con discapacidad, obreros, sujetos precarizados y, en general, una enorme masa popular que ante las balas no retrocede y, por el contrario, históricamente ha radicalizado su forma de actuar y pensar.
Es el tiempo de preparse para la rebelión, de repensar el territorio, de creer, de crear y recrear, es el tiempo de tejer de nuevas formas la unidad en el movimiento social. Es el tiempo de recordar que la revolución está mucho más allá de las urnas y la democracia liberal, que pasa por la constitución de un enorme bloque antifascista internacional que tenga en la construccion de memoria un arma que nadie pueda aniquilar.
Es pues el tiempo de unidad, de organización en los territorios y resistencia global. Nadie determina la historia y todo está por conquistar. Detrás de su violencia solo está el miedo a nuestra capacidad real, a nuestra esperanza en un nueva sociedad, a nuestra resistencia armada y popular. Ante este nuevo gobierno que demuestra la incapacidad del capital, nuestra lucha es dignidad.
Frente de Guerra Central
Ejército de Liberación Nacional


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