SIMBOLOGÍA DE LA POSESIÓN

Antonio García, Primer Comandante del ELN

Llegó la posesión del Tigre. No es raro encontrar animales en la política, no para honrarlos, sino para testimoniar la pérdida de identidad, cuando ellos no existen en nuestro territorio, igual sucede con el origen de las ideas, la nacionalidad y la vivencia; sobre todo, cuando el fondo se oculta con las imposturas y una «más-cara».

No son casuales los mensajes simbólicos en el acto de posesión. Se inició cantando «aleluyas»; luego, el zarpazo a la banda presidencial, y así, mientras
dejaba hablándole a la «institucionalidad civil» a un rabino, a un pastor y a un monseñor, el Tigre se deslizó hacia el batallón Pichincha. Entonces, a punta de simbolismo el Estado laico muta a uno «confesional».

Por el orden en que hablaron los religiosos, quedó claro el mensaje prioritario señalado por el rabino cuando cerró gritando: «viva Colombia y viva Israel».
En su campaña el Tigre dijo que se había «convertido», hace unos años, del «ateísmo» a la «extrema coherencia de su religiosidad», y que ahora practicaba el «ecumenismo», pero acto seguido y sin ningún empacho señaló que el islamismo era la «peor amenaza» para la humanidad. Muy seguramente para él, el ecumenismo es lo que dijo el rabino: rescatar la «tradición judía».

Si bien la política sigue siendo la misma de la campaña, así haya morigerado diciendo que gobernará para «todos» los colombianos, el mensaje con las formas despeja toda duda. Trató de imponer una posesión en una instalación militar, al no poder hacerla, simula acatar, pero deja instalado en un simbolismo «ecuménico de la tradición judía», para imponer su claro «simbolismo militar»: «hablar y hacer desde los cuarteles», mientras la «institucionalidad civil» está, distante o ausente, de espectadora para los aplausos.

La lucha de todos estos años para destapar y castigar a los responsables de los «falsos positivos», con el Tigre se habrán perdido. Su anuncio fue claro, ya no será el Estado quien protegerá a la población, sino que serán las Fuerzas Armadas quienes tendrán todas las garantías, para hacer y tapar como algunos «felinos».

Y al final del discurso: ¡Qué viva Cristo Rey! Claro no es el Cristo con sus ovejas, sino el Tigre que las «destripa». Unos hablan de fascismo, otros de nazismo, pero su simbología habló de la «espada de David», desde luego también se incluirá la «estrella». Por dios, que revoltura. No podía esperarse algo distinto de un alumno de la Universidad Sergio Arboleda, institución donde se recluta y se adiestran los agentes de la inteligencia colombiana.

Ah… se me olvidaba, ahora el Tigre gobernará con la “Casa Gómez”, por eso en la colección de “ismos” debemos tener en cuenta al “Franquismo”, de quien Laureano Gómez era gran admirador, y en su tiempo combatiría contra el “Basilisco”, ese monstruo resultante de una mezcla entre el “liberalismo” y el “comunismo”; que ahora ha resucitado encarnado en Ernesto Samper Pizano y Juan Manuel Santos, por eso no fueron invitados a la posesión.


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