Territorialidad

La Cordillera Central, es una extensión montañosa que atraviesa de sur a norte nuestra patria. Por eso vamos a resaltar la naturaleza que abarca la región central.

Sobre las partes más altas, encontramos el Nevado del Ruiz (5321 m s.n.m), el Nevado de Santa Isabel, el Nevado del Tolima (5216 m s.n.m), así como los paramillos de Santa Rosa, Quindío y el Cisne.

También es fuente de agua porque nacen varios ríos que alimentan la cuenca del río La Magdalena. De sus entrañas nacen el rio Cauca, Magdalena, Otún, entre otros rios que recorren los departamentos y municipios que abarcan la región central.

Amplias zonas de los páramos tienen el potencial biológico para convertirse en bosques maduros de alta montaña, si se mantienen unas condiciones básicas de estabilidad; se necesita que durante muchos siglos no ocurran incendios, pastoreo intensivo ni tala de árboles. Estas condiciones son más comunes en zonas remotas y sobre todo en hondonadas a lo largo de las quebradas. Cuando estas condiciones ocurren, se pueden observar bosques desarrollándose hasta cerca de 4000 metros sobre el nivel del mar. Por otro lado, la vegetación abierta que actualmente prevalece en los páramos representa una etapa temprana de sucesión de la vegetación, dominada por especies pioneras que soportan una plena exposición al sol. Si los incendios dejan de afectar un área, los arbustos la van cubriendo, década tras década. Luego, bajo su sombra, van naciendo árboles mayores. Y, quizás siglos después, colonizan estos bosques los árboles cuyas semillas sólo germinan en la hojarasca, bajo la sombra de los arbustos ya crecidos. Aquí damos una muestra de algunas especies propias de la cordillera Central que tienen mayor potencial para dominar en los bosques maduros en estas zonas elevadas:

Pino colombiano, chaquiro (Podocarpus oleifolius), pino hayuelo (Prumnopitys montana), moquillos (Saurauia bullosa, S. stapfiana), mano de osos, pumamaques (Oreopanax bogotensis, O. discolor, O. seemannianus), yucos (Schefflera bejucosa, S. bogotensis), riñon (Brunellia goudotii), granizos, silbo-silbos, ollocos (Hedyosmum cumbalense, H. luteynii), chiriguacos (Clethra ovalifolia, C. rugosa), chagualos, gaques, mandures (Clusia elliptica, C. multiflora), roble (Quercus humboldtii), laureles, jiguas (Ocotea calophylla, O. heterochroma, O. infrafoveolata, O. sericea), aguacatillos (Persea ferruginea, P. mutisii), Helecho (Culcita coniifolia). Pentacalia arborea, P. breviligulata, P. kleinioides, P. magnusii, P. popayanensis, P. sylvicola, P. theifolia, P. trianae, P. weinmannifolia, chaquilulo (Thibaudia floribunda), cuculmeca (Smilax domingensis), amarra corral (Smilax tomentosa), valerianas (Valeriana clematitis, V. crassifolia), Saucos de monte (Viburnum hallii, V. pichinchense, V. undulatum), cafetos de monte (Palicourea albiflora, P. amethystina, P. aschersonianoides, P. weberbaueri), piñuela (Greigia vulcanica).

Las aves endémicas están el periquito frentirrufo (Bolborhynchus ferrugineifrons), la cotorra aliazul (Hapalopsittaca fuertesi) y el colibrí barbudito (Oxypogon stuebelii); adicionalmente, hay otras especies casi endémicas cuyas áreas de distribución se extienden hasta el vecino Ecuador, entre ellas el caracara paramuno (Phalcoboenus carunculatus), colibrí calzoncitos (Eriocnemis derbyi), cinclodes cavador (Cinclodes excelsior), tororoi medialuna (Grallaricula lineifrons) y montero paramuno (Urothraupis stolzmanni).

Los reptiles endémicos incluyen la serpiente Saphenophis tristriatus; además se encuentran tres lagartijas casi endémicas que también se extienden por Ecuador: Pholidobolus montium, Riama simotera y Stenocercus guentheri. Los anfibios endémicos incluyen especies como los sapitos arlequín (Atelopus ardila, A. ebenoides, A. eusebianus, A. pastuso, A. sernai), sapito de páramo (Osornophryne percrassa), rana fortachona (Niceforonia adenobrachia), ranas de lluvia (Pristimantis alacolophus, P. leptolophus, P. myersi, P. obmutescens, P. peraticus, P. piceus, P. racemus, P. repens, P. scopaeus, P. simoteriscus, P. simoterus, P. uranobates, P. vicarius) y rana marsupial (Gastrotheca argenteovirens).

Esto es una muestra de la biodiversidad que tenemos en nuestras montañas y valles de la región central. Vivimos sobre un tesoro estratégico para la vida del país y del planeta, por lo que es un deber histórico el cuidar y proteger cada centimetro de territorio por donde caminamos.

¿De quién o quiénes debemos proteger nuestro tesoro natural?

Revisa a las multinacionales de monocultivos como el aguacate Hass o de pinos, recuerda las multinacionales del oro y petróleo que tienen megaproyectos andando y otros esperando, las empresas locales y extranjeras de generación de energía a través de hidroeléctricas (junto a las empresas encargadas del cableado y logística para transportar estas grandes cantidades de energía), junto a los clanes familiares y sus gobernantes de turno que legislan para que estos grandes negocios se impongan por encima de las comunidades y el territorio.

Para terminar, dejamos el eje de Medio ambiente de nuestro Programa Político que seguimos construyendo en el país:

Se propenderá por garantizar el desarrollo armónico de la sociedad con el medio ambiente, de manera sostenible y sustentable. Desarrollaremos una política de defensa de las grandes reservas naturales del país, parques nacionales, resguardos indígenas y hoyas hidrográficas, para mantener el equilibrio necesario con la naturaleza y la preservación del medio ambiente. De igual manera, la biodiversidad será parte de la soberanía y su utilización tendrá un uso racional, como parte del patrimonio de los colombianos al servicio de la humanidad.

Se harán esfuerzos científicos – técnicos para la eliminación de los deshechos tóxicos y radioactivos, con el propósito de evitar el daño del medio ambiente.