Nuestra región central es reconocida por su inmensa riqueza, una que no cabe en el inventario de ninguna multinacional explotadora: ríos, páramos, nevados, minerales y un inmenso grupo poblacional que día a día vive y convive con ellos. Pero, ¿Quién decide sobre el uso de esta y quien sufre las consecuencias de su explotación? Antioquia, el Eje Cafetero, Tolima y Cundinamarca más que regiones, constituyen la reserva hídrica de nuestro país y la zona que resguarda una inmensa cantidad de minerales, condición esta que atrae la atención y la ambición de capitalistas, políticos y gobiernos por igual.
Suelos volcánicos que producen alimento, inmensas montañas que con sus aguas alimentan las cuencas hídricas más importantes del país y una posición logística estratégica deberían garantizar la soberanía económica y alimentaria de nuestro país, pero por el contrario han representado la fuente del extractivismo y la depredación del capital hacia nuestra nación bajo la mirada de una oligarquía que de manera hábil le ha vendido a los colombianos la falsa idea de que el crecimiento del PIB es igual a desarrollo, que las leyes son sugerencias y que el impacto ambiental es un costo razonable a pagar por la llegada de inversión, mientras hace oídos sordos a las solicitudes de las comunidades, realiza consultas solo cuando las poblaciones presionan mediante la movilización popular y combativa y ofrecen riqueza a unos pocos a cambio de aprobar decisiones que ya están tomadas por las élites del capital.
Durante años la lógica de crecimiento ha sido la acumulación acelerada. Oro y energía en Antioquia, monocultivo en el Eje o minería ilegal en el Tolima solo dejan muerte, contaminación y una herencia que para nada favorece la vida en los territorios, mientras las ganancias fluyen hacia Bogotá y Medellín donde economías legales e ilegales manejadas por élites hacen que el capital salga hacia empresas internacionales fieles a su modelo rentista. Pero nuestro presente no es para nada diferente, mientras Abelardo en su show de gobierno hace promesas sin parar, José Manuel Restrepo, su vicepresidente, visita Ibagué y delante de gremios y empresarios, de manera descarada y sin tapujos, describe su estrategia de venta del departamento al interés del capital internacional: la «Milagro Week» que no es más que la venta de «minerales críticos» de la región en Nueva York al mejor postor bajo la misma lógica extractiva de siempre: inversión a cambio de muerte, saqueo y destrucción.
Y es que como no ser atractivo para los depredadores dueños del capital si el Tolima es un departamento con una gran riqueza hídrica: es cruzado de sur a norte por el río Magdalena, cuenta con la cuenca del río Saldaña que representa el 41,5% del área total del departamento y alimenta distritos de riego, además tiene otras cuencas como la de Coello cuya extensión es de 2000 kilómetros cuadrados o la del Rio Totare que abarca 1744 kilómetros cuadrados. Por si fuera poco en su territorio existen lagunas glaciares en la zona del Parque de los Nevados y un embalse que es el del río Prado. Ahora, si hablamos de los minerales estratégicos que son de interés para Restrepo, el departamento cuenta con tierras raras y minerales como el litio, el cobalto o el níquel cuya concentración exacta está siendo estudiada en las estribaciones de la cordillera, lo que la hace unas de las regiones estratégicas para las nuevas tecnologías y por ende, los intereses extractivistas.
Una vez más nos encontramos frente a una dicotomía: o sucumbimos a los interés del capital y nos condenamos a la extinción; o acabamos con el capitalismo de raíz como única salida a este modelo de muerte y explotación. Nuestra disputa es por el desarrollo de un nuevo orden social que esté en función de la humanidad y cuyo centro sea la vida. Así la cosas, no nos queda más que la organización, la movilización y la lucha social de las mayorías si lo que pretendemos es no dejar un legado destrucción.
Frente de Guerra Central
Ejército de Liberación Nacional


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