En el mundo hay gobiernos que reducen el gasto público y otros que convierten en doctrina de poder la reducción del mismo. Este segundo modelo es al que aparece acercarse en la estética y en la praxis De la Espriella, aunque eso signifique ir en contravía de las necesidades latentes de las inmensas mayorías excluidas de nuestro país. Y es que ya lo dice nuestro Comandante Antonio García en la más reciente edición de nuestra revista Insurrección: «el actual fascismo del fin del mundo afirma que no hay futuro que preservar» y esto aplica también para nuestra región: incendios forestales en Tolima, el terremoto en Risaralda y Caldas, vendavales en el Quindío o sequías en Antioquia solo sirven de marco y excusa para la toma de medidas regresivas que recortan beneficios en vez de implementar planes que protejan el futuro de los miles de personas que constituyen la inmensa base de la población. Muy posiblemente al estilo Milei, quien recorrió este camino, buscará la subordinación de la periferia a sus intereses ególatras y centralistas que no son más que los intereses de sus amos, los dueños del capital.
En el proyecto de presupuesto de 2027 y lo aprobado para 2026 se observa que fue otorgado el 94,4% de lo solicitado para Antioquia y tan solo el 67,7% para la vigencia 2027. Tal suerte corre Tolima con el 87,2% para 2026 y 40,5% para 2027 o Quindío al que se le aprobó 80,2% de lo solicitado y se presenta un 45,4% de lo proyectado para 2027. Esto sin hablar de Caldas o Risaralda que, aunque presentan una variación positiva entre 2026 y 2027, también recibirán menos de la mitad de lo solicitado. Si nos vamos a los sectores, es recurrente observar que vivienda, cultura, inclusión social, educación y salud son los sectores con mayores recortes presupuestales, mientras que fiscalía y defensa son de los pocos rubros que presentan una variación positiva, lo cual muestra cual es la intención real de este gobierno: baja inversión social y amplio aparato de represión, lo que brinda un buen marco para la instalación de un régimen de opresión financiera basado en el cumplimiento de medidas a cambio de acceso a recursos.
Y es que estos números dan cuenta de un modelo de gobierno que no se preocupa por las mayorías. Ante la crisis fiscal que menciona, genera políticas que benefician a los más ricos disminuyendo sus impuestos y al capital extranjero, regalando los recursos naturales del país a empresas multinacionales con la excusa de «atraer la inversión», mientras recorta el 40% de los subsidios sociales, el 58,8% al Fondo Nacional de Vivienda y reduce en 6 billones de pesos el presupuesto de inversión regional.
Además, las promesas que ha hecho para la inversión, como el Fondo Milagro para la reconstrucción se han quedado en donaciones multimillonarias realizadas a las cuentas de la primera dama, pero no han llegado a las personas que las necesitan. El supuesto plan de choque para la salud y la educación no cuenta con compromisos en torno a la reconstrucción de la infraestructura educativa o la garantía de atención en salud en las diferentes regiones, sino que incluye elementos asociados a la concesión de los servicios a empresas privadas y, por lo tanto, a la regresión en términos de derechos.
Así pues, la disputa popular debe ser la disputa por la vida, por la dignidad y el goce de las mayorías. Solo la lucha podrá permitirnos alcanzar la victoria y el alzamiento rebelde y armado de la insurgencia guerrillera es ahora, más que nunca, respuesta a la exclusión y dominación colonial que pretenden imponernos.
Frente de Guerra Central
Ejército de Liberación Nacional


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